• Ignacio Torres

Carlo Acutis

Actualizado: oct 14

"Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo"


El papa San Juan Pablo II lo dijo con esa rotundidad con la que marcaba los hitos de sus discursos: "Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo". Lo dijo en Cuatrovientos, en el Encuentro con los jóvenes madrileños el 3 de mayo de 2003.


Por aquel entonces, un niño de doce años afincado en Milán destacaba por su amor a la Eucaristía -era de misa diaria-, por su devoción a María -rosario también todos los días- y por su simpatía, generosidad, alegría y sencillez. Carlo tenía algo; se empeñó en hacer la comunión con siete años. Crecía entre su colegio de jesuitas y la parroquia de Santa María Segreta, junto al Castello Sforzesco, en un ambiente de fe que compaginaba con el espíritu milenial de su generación. Nació cuando nacía internet, y creció con ello. Un adolescente normal, que escondía su timidez en las gracietas; que se sentía feliz entre sus compañeros y se volvía niño entre los miembros de su familia.


Un niño puede ser un místico. Un niño puede buscar a Dios con la profundidad del mayor filósofo; y encontrarlo, enamorarse y regalarlo. Pero lo singular de este muchacho es la naturalidad de su carácter. Amar a Dios con locura no le llevó a esconderse en una burbuja espiritualista huyendo del áspero entorno de la sociedad postcristiana. Conoció las burlas de compañeros inconscientes por ser amigo de Dios. Pero a este joven tocado por la gracia nadie pudo robarle la sonrisa, la espontaneidad y el vitalismo.

Carlo ofreció su leucemia por el papa y por la Iglesia. No fue una enfermedad larga, apenas duró unos días. Sólo tuvo tiempo de decir a su madre que ya no saldría del hospital y pedirle ser enterrado en Asís, junto al santo que más admiraba. Allí llevaron sus padres el cuerpo de su hijo, a una humilde sepultura secundaria del cementerio.

Se había planteado la vocación sacerdotal pero era pronto para decidirlo; tendría tiempo para madurar la idea. Mientras, daba sus primeros pasos ayudando en la catequesis y montando la página web de la parroquia. Pero Dios tenía otros planes, Dios quiso asociarlo a la cruz de Cristo de una forma mucho más radical. Carlo decía que la Eucaristía era su “autopista para llegar al cielo”. Dios le tomó la palabra y se lo llevó por un camino acelerado.

No fue Carlo, no fue su familia; fue el Señor el que había plasmado los trazos admirables que convirtieron a este niño en un testimonio póstumo de la amistad con Jesús. Pronto sus compañeros de colegio lanzaron a las redes la memoria de alguien que siendo como ellos, les había marcado con una luz especial. Fueron ellos los que casi sin querer ofrecieron al mundo tanta luz cuando la historia de Carlo se hizo viral en las redes sociales. Carlo Acutis nos dejó el 12 de octubre de 2006. Miró fijamente a Dios con la inocencia de su adolescencia recién estrenada. Dios lo había pensado así, moderno y profundamente fiel a Jesucristo. Él quiso que fuera para nosotros testimonio de la gracia con la que sigue salvando a un mundo empeñado en mirar para otro lado.




Reseña

La extraordinaria ordinaria vida de Carl
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Testimonios de los compañeros de escuela

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Entrevista a la madre de Carlo

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Spot publicitario realizado por Carlo Acutis y sus compañeros:


Video sobre la vida del Beato Carlo Acutis



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