Recomendaciones para la catequesis durante la pandemia

Actualizado: oct 13

Secretariado de Catequesis de niños de la Diócesis de Getafe


Estimados sacerdotes y catequistas,


El Secretariado de Catequesis quiere ofrecer algunas recomendaciones para afrontar de forma proactiva la situación tan difícil que estamos viviendo. Invitamos a ver las dificultades como una oportunidad providencial que nos permite impulsar reformas siempre necesarias en la catequesis. En concreto, el momento actual debería ser aprovechado para potenciar la catequesis en familia y para personalizar los procesos de Iniciación Cristiana ‒Una persona, un itinerario‒. Son muchas las parroquias y colegios que ya están implantando medidas como las que presentamos aquí. Esperamos que sean de utilidad para todos.

Ante la celebración de las confirmaciones y Primeras comuniones

En una nota del pasado mes de abril el Vicario de Evangelización nos pedía una mayor flexibilidad en el diálogo con las familias a la hora de hacer una propuesta del momento oportuno para las celebraciones. Tres meses después, podemos constatar que la incertidumbre y las dificultades para desarrollar nuestra actividad en su forma habitual continuarán durante meses. Por este motivo, aunque muchas comunidades ya han celebrado las Confirmaciones y Comuniones y otras ya tienen fijada las fechas para el otoño, se hace más necesario que haya un diálogo personal con cada familia para establecer o modificar la fecha de la recepción de los sacramentos, de forma que se celebren estos meses o se aplacen según lo que cada familia considere. De esta manera, además, la responsabilidad ante un posible percance es compartida.


Ponemos algunos ejemplos de situaciones que ya se han dado en nuestras comunidades:

  • Algunos niños han pedido recibir el Sacramento cuanto antes, una vez concluida su formación, y han renunciado a tener una fiesta. Para ellos ha primado el deseo de recibir al Señor sobre cualquier otra cosa. Aunque los niños de esta edad no deban tomar por sí mismos las decisiones importantes, este deseo es loable y se debería respetar si la familia y la Comunidad lo consideran oportuno.

  • Algunas familias celebran la Comunión en un recinto privado, por lo que piden ya la recepción del sacramento, puesto que no se ven limitadas por las restricciones de aforo en restaurantes.

  • Otras familias han acatado con naturalidad la propuesta de las parroquias y colegios que han trasladado los sacramentos para el otoño. El número de participantes es muy variado de familia a familia: algunas tienen menos de diez invitados y podrían reunirse con la actual normativa, pero otras tienen más invitados y surgen las dificultades.

  • Algunas familias piden aplazar un año entero la Primera Comunión por diversos motivos: las hay que son muy restrictivas en sus salidas y actividades sociales; tienen miedo y no quieren correr ningún riesgo, a pesar de que las normas legales permitan estas actividades. Otras quieren hacer una fiesta sin condicionamientos, sin tener restricciones de aforo, de contacto físico y sin tener que llevar la mascarilla, etc. Incluso algunas han pedido el aplazamiento por el reciente fallecimiento de un familiar contagiado de covid-19.

  • También algunas familias han comunicado que sus hijos ya no harán la comunión a pesar de haber realizado el itinerario. Con estas familias se debería hablar un poco más adelante.

Esta diversidad de situaciones, unida al hecho de que en la mayoría de nuestras comunidades sería imposible celebrar las Primeras Comuniones con todos los niños de un grupo juntos en condiciones que ofrezcan seguridad sanitaria a los fieles, nos lleva a plantear estas consideraciones:

  • Es necesario entablar un diálogo con cada familia para decidir el momento de la Comunión, sin pretender obligar a que todos los niños de un grupo catequético la reciban en la misma celebración o el mismo día. Se puede sugerir un día, pero habrá que estar abiertos a excepciones. La unidad no se merma cuando, por circunstancias excepcionales que entienden perfectamente niños y adultos, se impide una actuación grupal homogénea.

  • Cuando sea necesario, habrá que multiplicar las tandas de primeras comuniones. Cada arciprestazgo se podría coordinar y ayudarse mutuamente, pues hay instituciones con una mayor disponibilidad de sacerdotes y otras con menos.

  • Es mejor reducir el número de niños por cada celebración que limitar el aforo de las familias a «sólo los padres» o «sólo los padres y abuelos». Pero tanto el espacio celebrativo como los recursos humanos de cada parroquia o colegio son distintos, por lo que cada Comunidad debe medir sus posibilidades y decidir cómo limitar el aforo a lo que sea prudente, no sólo a lo que sea legal.

  • El fin de la Iniciación Cristiana es formar cristianos mediante la Palabra ‒catequesis‒ y los Sacramentos. Los Sacramentos no deberían ser ni «premios a la perseverancia» ni «celebraciones de despedida», por lo que, si se ve la necesidad de aplazar la Comunión, los niños deberían continuar su itinerario de Iniciación Cristiana con normalidad en la etapa de maduración de la fe que sigue a la Iniciación Sacramental, aunque el sacramento se reciba con un año de retraso. Si sólo algunos niños retrasan un año la Comunión, no deberían interrumpir la catequesis, tampoco cambiarse a un grupo de niños más pequeños. Llegado el día, deberían tener una preparación intensiva al Sacramento como complemento de su formación habitual. Pero su grupo de catequesis, si no hay otros condicionamientos, debería ser el grupo habitual de su edad, aunque en él haya compañeros que ya hayan recibido la Comunión.

En la Celebración de las confirmaciones Y Primeras Comuniones

- Parece que las estrictas medidas de desinfección y distanciamiento que nos propusimos los primeros meses de la desescalada se han ido relajando en todas las actividades sociales. El Vicario General de Curia hace un mes nos pedía no bajar la guardia. En las Primeras Comuniones debemos ser muy cuidadosos en tener ostiarios (porteros y acomodadores): voluntarios para dar indicaciones, colocar a los fieles y desinfectar.

  • En los bancos, en lugar de puestos individuales distanciados, habrá que marcar bancos para cada familia conviviente. Es muy recomendable tener acomodadores ya que la experiencia nos dice que el distanciamiento físico se olvida cuando se trata de personas del círculo familiar.

  • Los niños que comulgan, como todos los fieles, actualmente están obligados al uso de mascarilla. Ésta la tendrán que llevar al menos al entrar y salir. Deberán colocarse separados a un mínimo de metro y medio de cualquier otra persona no conviviente. Para ir a comulgar no han de llevar mascarilla. Si van a leer, habrá que evitar que toquen nada y tener a alguna persona preparada para pasar el desinfectante a atriles y micrófonos después de cada uso.

  • Las frecuentes dificultades de ambiente en estas celebraciones en las que participan fieles poco habituados a los actos litúrgicos ‒gente hablando, fotografiando, moviéndose…‒ este año suponen además un peligro de contagio; estas situaciones se atenúan mucho cuando el grupo es de pocos niños.

  • Para la celebración de las Confirmaciones, si es necesario, también se dividirán los grupos en varias tandas, de forma que siempre se respete el metro y medio de distancia entre personas no convivientes. El Obispado tiene disponibilidad para atender una mayor demanda de Celebraciones de la Confirmación.

  • La norma de evitar los coros sigue vigente, por lo que será mejor tener solamente dos o tres cantores y músicos, debidamente distanciados.

Para la Catequesis durante el curso

Habrá que estar atentos a lo que dispongan las autoridades para el curso escolar, pero, aun contando con esta incertidumbre, podemos ir planeando algunas acciones para el nuevo curso:

  • Cada comunidad parroquial o colegio debe adecuar sus instalaciones y horarios a la emergencia sanitaria, esforzándose por mantener la catequesis presencial semanalmente. Cada institución es distinta en sus instalaciones, en sus recursos humanos y en la multiplicidad de usos que da a las instalaciones: la catequesis debe ajustarse a las posibilidades de cada lugar. Deberán usarse espacios que permitan tener a cada niño distanciado metro y medio de los otros, por lo que habrá que adaptar las salas más grandes de que se disponga, que además deberán ventilarse antes y después del uso; y si el tiempo lo permite, durante éste. Además, se podrían colocar mamparas de separación lateral.

  • Cada comunidad, en atención al número de niños por grupo y a la dimensión de sus salas, deberá decidir si divide los grupos o mantiene su número. También tendrá que ver si puede continuar con sus horarios habituales, o tiene que buscar nuevos horarios más amplios. Si coinciden varios grupos habrá que escalonar las entradas y salidas.

  • Deberíamos retomar algunas medidas de orden que hoy no suelen emplearse: entrar y salir en fila, guardar silencio en la sala, sentarse siempre en el mismo puesto asignado por el catequista… No se trata de implantar una pedagogía autoritaria, sino de pedir a los niños una mayor disciplina para protegernos. Evitaremos que se crucen las filas de entrada y salida.

  • Se deberán desinfectar los espacios: mesas, sillas, utensilios; antes y después de cada sesión. Los niños usarán su propio material didáctico sin intercambiarlo.

  • Debemos explicar a los padres de familia cómo desarrollaremos la catequesis y las medidas de protección que implantaremos. Hemos de ser conscientes de que ahora es una prioridad para muchos padres que sus hijos se desenvuelvan en entornos seguros frente a la covid-19.

  • Ante la falta de aulario, podría ser un buen momento para implantar en la catequesis las Celebraciones de la Palabra[1] ya que éstas se realizan en el templo o en capillas que en este caso han de ser lo suficientemente grandes. De esta manera los niños pasarían al menos media hora en un espacio más voluminoso ‒el templo‒ y media hora en el aula trabajando el catecismo Jesús es el Señor. Quizá fuera bueno pensar en hora y cuarto, en lugar de una hora, que hoy es lo más habitual. Si con todo esto todavía no hay salones suficientes, podría alternarse una semana de Celebración de la Palabra u oratorio y otra de catequesis formativa.

  • Trataremos de mantener el ritmo de la catequesis presencial siempre y cuando no haya nuevo confinamiento. La catequesis desde casa con medios telemáticos, o una catequesis reducida, deben considerarse el último recurso. Pero si llegásemos a esta situación, en la página web del Secretariado disponéis de una compilación de materiales.

  • Donde no haya suficientes salas grandes, las comunidades que tienen tres años de Iniciación Sacramental podrían realizar el primer año de forma telemática o con dinámicas alternativas[2], o incluso suprimirlo; pero las comunidades que sólo tienen dos años de Iniciación Sacramental han de esforzarse por mantener estos de forma presencial. También podemos suponer que desgraciadamente, se apuntarán menos niños a catequesis por la pandemia.

  • Ahí donde sea inevitable posponer el inicio de la catequesis parroquial, es importante mantener la comunicación con las familias para ayudarles a que el despertar en la fe de sus hijos se realice en casa. La situación actual es un momento propicio para fomentar la catequesis familiar, de modo que padres, abuelos y hermanos se sientan responsables de la maduración en la fe de los niños y jóvenes. Los recursos telemáticos pueden servir para que catequistas y familiares se ayuden mutuamente.

  • Si tenemos que hacer grupos más pequeños, tendremos que buscar nuevos catequistas, formarles, y también pedir mayor esfuerzo a los catequistas con que ya contamos, particularmente a los más jóvenes. También los sacerdotes tendremos que implicarnos de una forma más intensa en los procesos de Iniciación Cristiana.

  • Donde los catequistas sean personas mayores, se les podría buscar un asistente: un adolescente o joven que a modo de aprendiz prepare el salón, lo desinfecte al acabar e interactúe con los niños de cerca, de forma que el catequista mayor pueda mantenerse distanciado.

  • Todo esto es válido tanto para la catequesis de Iniciación Sacramental como para la Catequesis de Maduración de la Fe. En algunos casos puede ser necesaria una nueva convocatoria a los niños que han de recibir la Confirmación para retomar la catequesis si fue interrumpida por el confinamiento.

  • Sobre las misas con niños, cada parroquia debe ver cómo gestionar el aforo, puesto que los niños también deben guardar el distanciamiento. En caso de falta de espacio, habría que reservar esta misa para los niños de catequesis y sus padres, pidiendo al resto de la comunidad que acuda a otras misas. Incluso se podría doblar la misa, aunque no es fácil encontrar horarios adecuados. El sacerdote también tendrá que cuidar su interactuación con los niños, evitando la proximidad y el uso en común de un solo micrófono.


El Nuevo Directorio para la Catequesis dice que «el verdadero protagonista de toda auténtica catequesis es el Espíritu Santo que, mediante la profunda unión nacida del catequista con Jesucristo, hace que los esfuerzos humanos sean efectivos en la actividad de la catequesis». Sin duda que todo el esfuerzo que pongamos en cuidar la salud en estas condiciones tan difíciles también dará frutos de evangelización por el Espíritu.

En Getafe, a 21 de agosto de 2020

Memoria de San Pío X, patrono universal de los Catequistas.

Secretariado Diocesano de Catequesis de niños.

Diócesis de Getafe.

www.catequesisgetafe.org

[1] En las parroquias en las que estas celebraciones sigan la metodología del oratorio habrá que adecuar éste a las posibilidades. No será fácil tener una sala en C y una alfombra en la que todos puedan guardar el distanciamiento, por lo que habría que adaptar el oratorio, colocando a los niños en varias filas, arrodillándose en el propio reclinatorio… [2] Tales como oratorios en el templo o convivencias mensuales, etc.

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